84, Charing Cross Road

Síntesis:

El libro recoge las cartas intercambiadas entre una escritora americana y los empleados de una librería londinense durante veinte años (1949-1969). 

A favor: 

Una carta da paso a otra y el libro es muy corto, me lo he leído del tirón. Creo que tiene la medida justa para mantener la frescura de principio a fin.

Me ha atrapado creo también por la curiosidad que despiertan las cartas cuando sabes que son reales, supongo que debe haber algo de voyerismo o algo así. 

Importante el amor a los libros que se respira, sobre todo a los libros usados, me ha resultado muy acogedor. He reconocido la emoción al tener en las manos por fin aquel título que buscaba hace tiempo. Genial como compara los libros con la ropa, me he sentido complemente identificada, por fin alguien que entiende porque me deshago (una vez los he leído) de la gran mayoría de libros que llegan a mi estantería, y que entiende también porque sólo contadas veces he comprado un libro y siempre uno que ya había leído. También aparece la emocionante sensación cuando un libro se convierte en un puente entre pasado, presente y futuro, es una conversación entre el escritor y tú, lector del presente; y, en el caso de los libros usados, también con los lectores anteriores, y con los futuros (cuando explica que deja indicaciones a lápiz para un lector quizás aún por nacer…) 

En contra: 

Debo decir que veo un punto oscuro, la escritora, a veces demasiado insolente para mi gusto, que no hace fortuna con sus creaciones y la acaba haciendo publicando escritos de otros, no sé, espero que todos los que intervienen con sus cartas acabaran cobrando derechos de autor. Me hubiera quedado más tranquila si al final hubiera una nota aclaratoria sobre este aspecto.

Fragmentos:

(9 febrero 1952) Va en contra de mis principios comprar un llibro que no he leído, es como comprarse un vestido que no te has provado. 

(18 septiembre 1952) Cada primavera hago una limpieza general de mis libros y me deshago de los que ya no volveré a leer, de la misma manera que me desprendo de las ropas que no pienso ponerme ya más. A todo el mundo le extraña esta forma de proceder. Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Leen todos los best sellers que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible…, y saltándose montones de párrafos según creo. Pero luego JAMÁS releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron. Sin embargo, se escandalizan de que yo arroje un libro a la basura o lo regale. Según entienden ellos la cosa, compras un libro, lo lees, lo colocas en la estantería y jamás vuelves a abrirlo en toda tu vida, ¡PERO NUNCA LO TIRAS! ¡JAMÁS DE LOS JAMASES SI ESTÁ ENCUADERNADO EN TAPA DURA! Pero… ¿por qué no? Personalmente creo que no hay nada menos sacrosanto que un mal libro e incluso un libro mediocre… 

(12 diciembre 1952) No me parece que éste sea un intercambio de regalos de Navidad muy equitativo. Vosotros os comeréis el vuestro (golosinas) en una semana y antes del día de Año Nuevo os quedaréis sin nada. Yo, en cambio, conservaré el mío (un libro) hasta el día que me muera…, y moriré feliz sabiendo que lo dejo atrás para que algún otro lo aprecie. Pienso marcarlo a conciencia con suaves indicaciones a lápiz, para atraer la atención de un amante de los libros aún por nacer sobre los mejores pasajes. 

(2 septiembre 1955) Deje este libro a alguien y nunca me lo devolvió. ¿Como es que hay gente a quien nunca se le pasaría por la cabeza robar nada pero que piensa robar libros es totalmente admisible?

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